Medio Ambiente
de Elite Norte
¿PODEMOS SALVAR EL CLIMA?
Por Mark Theobald y Alberto Sanz Cobeña;
Investigadores de Medio Ambiente. E. T. S. I. Agrónomos, Universidad Politécnica de Madrid.
"Los cambios realmente efectivos, aquellos con potencial para cristalizar en hecho reales, son los que vienen desde abajo o surgen desde dentro de la sociedad".
Eduardo Galeano
El Protocolo de Kioto fue pensado como marco legal para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, ha tenido algun efecto? En las dias previas a la cumbre de cambio climatico de Copenhage que tendra lugar este mes, intentamos analizar que se ha logrado desde la aprobación del protocolo de Kioto, y qué podemos esperar de la nueva reunión.
¿Qué es el Protocolo de Kioto? En diciembre de 1997 los principales líderes mundiales se reunieron en la ciudad japonesa de Kioto para analizar y poner coto a una de las amenazas más relevantes para el medioambiente de nuestro planeta y, por ende, a sus habitantes, entre los que nos encontramos: el cambio climático ocasionado por las actividades humanas. Tras un importante debate, todas las naciones asistentes a la cumbre firmaron el Protocolo, lo que suponía el compromiso de las naciones desarrolladas a reducir sus emisiones de GEI para el año 2012 (teniendo como referencia las de 1990). Sin embargo, la firma del protocolo no implica su categoría de texto legal y la transposición del mismo a la normativa de los países firmantes. Para ello, el Protocolo debía ser ratificado. En el año 2001 el entonces presidente de EEUU, George W. Bush, declaró que su país no ratificaría el Protocolo de Kioto por la “ciencia inadecuada” que, en su opinión lo sustentaba, la falta del compromiso por parte de países en desarrollo como China o India para reducir sus emisiones y el hecho de que la firma del Protocolo pudiera dañar a la economía estadounidense. Dado que en 1990 EEUU era responsable de la emisión de un tercio de las emisiones totales mundiales de GEI, la retirada de este país de la ratificación del Protocolo de Kioto, suponía, en la práctica, la ineficacia del texto para articular cualquier reducción significativa de emisiones. Finalmente 39 países (conocidos como los países del Anexo 1), ratificaron el Protocolo, comprometiéndose con ello a la reducción de emisiones de GEI en un 5% para el año 2012. Europa, responsable del 22% de las emisiones en 1990, se comprometió a reducir un 8% en conjunto las emisiones. Debido a que los objetivos de reducción de emisiones se iban a cumplir de forma comunitaria, y dadas las bajas emisiones de España en 1990, se le asignó a nuestro país un cupo de emisiones de un 15% más respecto al año de referencia, 1990.
¿Ha tenido el Protocolo de Kioto algún efecto? Si consideramos que en lugar de disminuir, las emisiones de GEI han aumentado un 40% respecto a 1990, es posible afirmar que el protocolo de Kioto ha fracasado. Sin embargo, la mayoría de ese incremento se debe a las emisiones producidas en países que no ratificaron el Protocolo. Así, las emisiones procedentes de la economía estadounidense han aumentado en un 20% desde 1990, mientras que las de China lo han hecho en un 150% en el mismo periodo. Las emisiones de los países que ratificaron Kioto han aumentado, en su conjunto, en un 10%. En el caso de Europa, cuyo compromiso era reducir las emisiones en un 8%, estas han disminuido en un 2.5%. Significativamente, la mayoría de esta reducción no se ha producido por la adopción de tecnologías menos emisoras de GEI o el cambio de un modelo económico basado en la quema de combustibles fósiles, ni siquiera en la asunción por parte de gobiernos y ciudadanía de un modelo de producción y consumo responsable y sostenible. No, la reducción del 2.5% se ha debido al colapso de las industrias de la antigua Alemania del Este. Algunos países han actuado de manera responsable, mientras que otros no han hecho sino incrementar sus emisiones. En España, que, como indicamos en líneas anteriores, podía emitir un 15% más respecto a 1990, se ha emitido un 53% más respecto a ese año, lo que nos convierte en el peor país de los incluidos en el Anexo 1.
¿Podemos cambiar algo con la Cumbre de Copenhague?
Los líderes políticos de cerca de 200 países acudirán este mes a la capital danesa para discutir a cerca de los siguientes aspectos:
- Acuerdo para la reducción de emisiones desde los países industrializados y aquellos que se encuentran en fase de desarrollo.
- Acuerdo de la cuantía de las ayudas económicas que los países industrializados darán a las naciones en desarrollo para la adaptación de ellas ultimas a las consecuencias del Cambio Climático.
Se esperaba que el resultado de la cumbre fuera un tratado legal basado en el acuerdo político previo, y mediante el cual se impulsase y diese sostén a una reducción efectiva de emisiones de GEI. Sin embargo, las últimas noticias tras la Reunión de Barcelona, preparatoria de la de Copenhague, indican que este acuerdo no será alcanzado. El principal problema reside en el hecho de que China y EEUU (los dos mayores emisores de GEI) no sellarán ningún acuerdo antes de que el otro acepte reducir también sus emisiones. Los representantes norteamericanos desplazados a la Cumbre exigirán a China la firma de los acuerdos en su condición de principal emisor de GEI, mientras que el país asiático argumenta que es EEUU el país que primero debe actuar en tanto que sus emisiones per capita son 4 veces mayores que las chinas. Otro aspecto a destacar es que, incluso en el caso de que la administración estadounidense estuviera dispuesta a sellar los primeros compromisos (como así podría desprenderse de las declaraciones de su presidente), esta decisión habría de ser ratificada por el Senado, lo que supondría un periodo de tiempo de casi un año. Actualmente se está sometiendo a una intensa discusión, con mucha voces en contra, en el Senado estadounidense una propuesta de reducción de emisiones del 4% de para el año 2020, lo que se aleja mucho de los objetivos de Copenhague y de las necesidades reales del Planeta. En base a esta realidad, muchos expertos anuncian que únicamente un acuerdo político entre China y EEUU podría hacer renacer la esperanza en Copenhague, lo que no se traduciría en un acuerdo legal hasta el año próximo. Además de estos países, otras naciones han de reducir sus emisiones y, en consecuencia, trabajar para alcanzar un tratado que contemple dichos objetivos y las medidas reales para alcanzarlos. En el caso de la EU, sus representantes han afirmado de manera solemne que las emisiones comunitarias se verán reducidas en un 20% para 2020, y que se intentará llegar hasta el 30% si otros países fijan objetivos ambiciosos. Así mismo, se ha indicado la intención de dotar con 20 millones de dólares americanos anuales al fondo para la ayuda a la adaptación de los países en desarrollo a los escenarios derivados del Cambio Climático (se estima que 150 millones es la cantidad necesaria para cumplir objetivos serios en este campo). Japón ha realizado promesas similares, con un 25% de reducción de emisiones de GEI. No obstante, cualquier éxito de la Cumbre será supeditado a la acción de China y EEUU, sin los que las citadas acciones tendrán poco peso a nivel global. Algunas voces son aún optimistas y creen que el acuerdo, aún fuera de la Cumbre, es posible y que, incluso, la coyuntura económica y geopolítica anima a China, EEUU, y la UE a alejar sus economías del consumo de combustibles fósiles y primar el ahorro y eficiencia energéticos.
Aun quedan tres años para que termine el plazo acordado en el Protocolo de Kioto. Puede que incluso sea tiempo suficiente para reducir las emisiones en el marco de la actual crisis económica que nos obliga a consumir, viajar… producir menos, quizás lo que, simplemente, necesitamos. No obstante, toda política que conduzca a la reducción efectiva de emisiones ha de nacer y estar sustentada en un acuerdo real de los países desarrollado y en desarrollo.
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